Aquel viento que trae tu recuerdo,
que me sabe a brisa de mañana,
me llena el pecho con tu aliento
mientras amanece en mi ventana.
Aquella mañana que no trae tu ser,
me recuerda ritos inexplorados
que sólo tu y yo hemos de conocer,
cuál par de caníbales aforados.
Aquella luz que trae tu imagen,
cuando sólo quedaba tu silueta,
dibujándose con frío desdén
sobre mi alma descubierta.
Aquel camino que ya no te trae
para derramar placer sobre la tarde
como pétalos, como nubes, como lluvia,
como fuego que quema con ardiente lujuria.
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